Naturaleza, historia, cultura y comercio conforman el gran abanico de atractivos nortesantandereanos para el turista. En sus páramos nacen numerosos ríos y quebradas que nutren diversos ecosistemas de montaña y valles, varios de ellos protegidos en los parques nacionales naturales de Tamá (en los municipios de Toledo y Herrán, zona suroriental del departamento) y de Catatumbo Barí (en Convención, El Carmen, San Calixto, Tibú y Teorama; norte y occidente del departamento), los cuales se prolongan en parques equivalentes en territorio venezolano.

También existen otras zonas protegidas de menor jerarquía y los llamados corredores biológicos, donde se puede apreciar la majestuosidad de los páramos húmedos, páramos secos, bosques nublados, bosques secos, humedales y el sistema de lagunas de las cimas andinas, poblados todos con centenares de especies de plantas, aves, mamíferos y reptiles, muchas de ellas endémicas. Estos territorios son hogares también de culturas étnicas, como los Barí y los Uwa. Sin embargo, para disfrutar de la naturaleza en Norte de Santander no hace falta visitar una reserva de este tipo, pues la riqueza del agua, la fauna y la flora nunca están lejos de los centros urbanos. Muy cerca de Cúcuta y de las principales poblaciones se encuentran parajes de exuberante vegetación; ríos y quebradas cristalinas que pueden disfrutarse como balnearios y sitios para la recreación y el descanso.

La historia también vibra en este rico territorio, principalmente en las ciudades de Villa del Rosario, Cúcuta, Ocaña y Pamplona, donde pueden encontrarse múltiples casonas, monumentos nacionales y museos históricos. En todas ellas la vida colonial fluyó de manera próspera y, por ende, en su momento fueron centros protagónicos de los levantamientos, las batallas y las decisiones que dieron vida a la República. Orgullosos de sus riquezas y tradiciones, los nortesantandereanos conforman un pueblo recio y alegre, que celebra la vida en distintas épocas del año, con fiestas y carnavales, algunos de ellos con un trasfondo -o mejor, un pretexto-religioso.

En estas ocasiones festivas, así como también en los días habituales, propios y visitantes disfrutan de la gastronomía tradicional de este departamento, un capítulo de la cocina colombiana en el que se destacan los tamales o pasteles, el cabrito, el mute, las hayacas, la rampuchada, los cortaditos de leche y los dulces de apio o arroz. El Departamento de Norte de Santander hace parte de la región Andina colombiana, está ubicado en el extremo nororiental del país y es territorio fronterizo con la República Bolivariana de Venezuela.

Sus características geográficas signadas por la variedad de climas y paisajes, su producción agrícola y minera (carbón, petróleo y calizas), calzado, confecciones, manufacturas de cuero, arcilla, palma de aceite, cacao y caucho unida a la actividad comercial y el intenso intercambio económico binacional, hacen de esta región una de las más prósperas del país. Por su importancia económica, el territorio ha estado conectado por décadas con el resto del país, por carretera (hacia el norte con la Costa Atlántica y hacia el occidente con Bucaramanga, y de allí con Bogotá) y por vía aérea, gracias al Aeropuerto Camilo Daza, que atiende a Cúcuta y su área metropolitana. Incluso, la carretera Panamericana (o Bolivariana), proveniente de Caracas, sirve a buena parte del norte y oriente del departamento antes de conectar con la capital nortesantandereana. De estas vías principales se desprenden ramales hacia los cascos urbanos de los 40 municipios.

CULTURA Y TRADICIONES

El pasado guerrero marca el carácter de los nortesantandereanos y los identifica arquetípicamente ante el resto de los colombianos. Su forma de hablar, recia y directa, que no debe confundirse con la grosera antipatía, enorgullece a los habitantes de esta región.

Los nortesantandereanos evocan con entusiasmo y orgullo la resistencia enconada de los Motilones y Chitareros ante el conquistador español, así como la posterior contribución de los hijos de estas tierras a las luchas de independencia.

El peso del aporte nativo a la construcción del departamento se aprecia hoy en los innumerables topónimos de origen indígena que pueblan la geografía nortesantandereana, empezando por la capital, Cúcuta y otras poblaciones, como Tibú, Chitagá, Cácota, Labateca, Hacarí, Bochalema, Chinácota y Cáchira. También, son vocablos aborígenes el nombre de dos de los ríos más importantes; Catatumbo y Zulia, este último nombrado así en honor de una bella princesa Motilona que se enfrentó con los primeros invasores europeos. Otro de los aspectos que se destacan en esta región es la laboriosidad de sus gentes, su culto al trabajo y a las ganancias logradas con el esfuerzo honrado. Esta postura vital explica el auge comercial y manufacturero del departamento, y la explotación inteligente de los generosos recursos naturales, como el carbón, el petróleo, el mármol y otras piedras calizas.

También, se destaca entre sus vocaciones económicas el cultivo de productos agrícolas, como el café, el arroz, el frijol y la caña de azúcar; como hito importante del espíritu pujante de las gentes de esta tierra se encuentra la fundación del Ferrocarril del Catatumbo, considerado el primero del país. De igual forma, las distintas actividades económicas dan pie a fiestas populares de gran acogida, como el Reinado de la Ganadería (en Toledo) o el Reinado Departamental del Café (en Salazar); también, los festivales de La Cachama (Convención) y de la Panela (Villa del Rosario). Aunque no tan reconocido hoy como lo fue en la primera mitad del siglo pasado, Norte de Santander ostenta un rico patrimonio musical, ya que desde allí se ha contribuido con obras magistrales al cancionero colombiano, como el bambuco Las brisas del Pamplonita.

El respeto por la naturaleza, pródiga en más de un sentido en esta región, es otra característica de sus pobladores, quienes no pierden oportunidad para disfrutar de un chapuzón en cualquiera de sus muchos ríos y quebradas. La religiosidad también es importante para su población; se destaca la celebración de la Semana Santa de Pamplona, la ciudad más antigua del departamento y sede de unos de los museos de arte religioso más importantes del país. Los mismos nortesantandereanos definen tres marcadas variantes de su forma de ser: el cucuteño, el ocañero y el pamplonés, una por cada ciudad principal.

El cucuteño es alegre, vanidoso y buen conversador; el pamplonés, por vivir en tierra fría, es un poco más retraído, estudioso y no disimula su abolengo señorial; mientras que el ocañero puede combinar características de unos y otros, añadiéndole su especial gusto por la música. Sin importar su ciudad de origen, el nortesantandereano se destaca por su generosidad, por acoger con gusto al forastero y por mostrarle con satisfacción su hermoso terruño, del que vive orgulloso.

 

ARTESANÍAS 

La diversidad que tanto caracteriza a Norte de Santander, también marca sus expresiones artesanales. La variedad de materiales y productos identifican cada zona. Los más comunes recuerdos que se encuentra el turista a su paso son el indio motilón en cerámica, la locomotora del Catatumbo o el templo histórico de Villa del Rosario.

Pero, además, en los almacenes de artesanías de Cúcuta y su zona de influencia, y en cada uno de los municipios, es posible hallar otras sorpresas que también salen de las sapientes manos de los artesanos de la región. Muestra de ello son las tallas en cedro de Sardinata y Santiago, o la bella cestería de Bucarasica, Chitagá, Lourdes y San Cayetano, donde se utilizan bejucos y otras fibras naturales locales. En Mutiscua se destacan los finos y decorativos trabajos en mármol, mientras la cerámica y escultura en arcilla es propia de Cúcuta, Los Patios, el Zulia y Cácota.

Los tejidos de lana virgen, hechos en telares rústicos y propios de tierra fría, son muy llamativos para quienes visitan municipios como Cáchira, Cácota, Lourdes, Mutiscua, Bochalema, Silos y Chitagá. Los finos bordados de Pamplona y Ocaña son reconocidos por su calidad; las esteras y productos hechos con corteza de plátano tienen su sello en Sardinata y El Tarra, así como la joyería en plata de Ocaña y las curiosas escobas de lucua (iraca) tejida de Salazar.

El turista normalmente se detiene al ver los singulares chinchorros de nailon tejidos a mano en Sardinata, los utensilios de esparto de Silos y las famosas enjalmas de Bochalema; al igual que los exóticos artículos elaborados por la comunidad Motilón-Barí en Tibú, como su cestería tradicional, objetos de caza (arcos, flechas y lanzas) y bajos relieves hechos en totumos.

Este es solo un breve listado de algunos productos únicos que reflejan el heterogéneo carácter del departamento. Semana Santa en Pamplona Las celebraciones de Semana Santa en Pamplona, “la ciudad mitrada”, son muy reconocidas por los católicos en Colombia, junto con las de Popayán y Mompox.

 

GASTRONOMÍA 

La cocina da cuenta de la fuerte conexión de los pobladores con sus ancestros y las particularidades naturales de cada región del departamento. Deliciosos envueltos en hojas, al igual que arepas, carnes, pescados, sopas y postres autóctonos están en el menú.

Dentro de los primeros, de clara influencia indígena, se encuentran los tamales, envueltos en hojas de biao, y las hayacas, envueltos en las hojas de la mazorca; si bien se consiguen fácilmente todo el año, se consumen sobre todo en época navideña.

Los tamales, en Ocaña, en vez de masa de maíz llevan arroz y se les llama pasteles, aunque este sustantivo se aplica  mejor en estas tierras a unos bollos fritos, redondos, comidos principalmente al desayuno, hechos de maíz y con una deliciosa mezcla interior, que, por lo general, contiene arroz, garbanzo, yuca, pollo o carne. La arepa de la región, llamada ocañera, sirve de alimento, empaque y plato al mismo tiempo, pues se prepara gruesa y se deja asar más a un lado que por el otro para que el menos cocido “suelte el pellejo”, abertura por donde se introduce el relleno preferido: queso, mantequilla, aguacate, revuelto de huevo con carne desmechada, barbatuscas (guiso preparado con las flores del árbol nativo del mismo nombre), pollo, carne asada, pescado asado o ensalada.

Los llamados platos fuertes están representados por las gustosas, espesas y muy sabrosas sopas de mute y sancocho, preparadas preferiblemente en fogón de leña y con infinidad de ingredientes y carnes.

También debe mencionarse el cabrito, cocido al horno, sudado, asado o en salsa de tomate. El animal no puede ser mayor de cuatro meses.

Finalmente, hay que referirse a la famosa rampuchada, espléndido guisado al que se le atribuyen propiedades afrodisiacas, cuyo ingrediente principal es un bagre endémico de la cuenca del Catatumbo, llamado rampuche (pimelodus blochii). La mejor rampuchada se consigue en los balnearios y restaurantes de El Zulia.

Fruto del aporte europeo, a la hora de los postres o dulces típicos hay que hablar de los cortados de leche de cabra, los arrastrados (dulce de leche de vaca con azúcar común y pulverizada) y los dulces de apio (la arracacha, no el tallo) y de arroz, tan particulares como deliciosos.